
Santuario de Fortuna

Se documenta el culto dedicado a una Fortuna salutífera en el complejo de los baños. Este culto estaba asociado al agua natural que brotaba del pozo situado en el patio norte, considerado como una manifestación de la potencia de la divinidad telúrica. El pozo sagrado, como punto sagrado principal, fue delimitado por un cancel. En el patio se debía disponer en el primer edifico termas algún espacio de culto donde alojar la estatua de la divinidad, identificada con Fortuna gracias al hallazgo de una pequeña ara dedicada a la diosa. Dato que señala que la dedicatoria a la Fortuna Balnear (Fortuna de los Baños) reutilizada en una casa del pueblo de Duratón -hoy expuesta en el Museo de Segovia- debía provenir de este edificio.
Con la ampliación del edifico en el siglo II d.C., se construyó un templete al sur del septentrional donde se situaba el pozo sagrado, del que subsisten los potentes muros de cimentación, que seguramente servían para apoyar una columnata dístila (con dos columnas en el frente), en el interior del cual se colocaría la imagen escultórica de la diosa.
La excavación del edifico ha permitido recuperar varios testimonios de culto, como un conjunto de aras, aparte de la mencionada, y varias cabezas y fragmentos de figuras y partes de cuerpos esquemáticos en terracota, identificados con exvotos, así como vasitos, en relación también con rituales. Estas piezas apuntan a un culto a una Fortuna de los Baños (Fortuna Balnear) no solo de carácter salutífero, propio de la salud e higiene proporcionada por el agua, sino también medicinal, como señalan los exvotos. La superposición del ámbito cultual de pozo, patio y templete a construcciones celtibéricas indican el origen del culto posiblemente en la Edad del Hierro, en relación con una divinidad celtibérica luego sincretizada con Fortuna.



